Los once de Marmarita: jóvenes voluntarios coordinan la ayuda a 2.000 familias desplazadas por la guerra en Siria

Algunos de ellos también son desplazados pero no dudan en ayudar a todos: “Nuestra motivación es Jesús”

ACN (Josué Villalón, Marmarita).- Once jóvenes forman el equipo de voluntarios del Centro de San Pedro, de la Iglesia greco-católica en Marmarita, en el corazón del Valle de los Cristianos, una región de Siria cercana a la frontera con Líbano. En esta zona hay numerosas personas desplazadas por la guerra, procedentes de todas partes del país: Damasco, Homs, Alepo, etc. Este equipo de voluntarios coordina la ayuda ofrecida por la fundación pontificia Aid to the Church in Need (ACN) para unas 2.000 familias al mes. Ellos son los mensajeros, pero también el mensaje.

“Nuestra motivación es Jesús, poder ayudar a estas personas que lo necesitan es algo que nos mueve el corazón y para mí personalmente es la razón de seguir viviendo en Siria”, comenta Elías Jahloum, coordinador del centro y al que todos llaman “Ili”. No para de sonar su móvil mientras conversa con una delegación de ACN: “Las familias tienen mucha confianza en mí, muchos me consideran como un hijo. Yo acompaño a los enfermos al hospital y después voy a visitarles a sus casas”.

El apoyo que la fundación ACN distribuye a través de la Iglesia local se centra, principalmente, en dos tipos de ayuda. Por un lado está el pago de alquileres, “las familias desplazadas hace mucho tiempo que perdieron sus ahorros para pagar un lugar donde refugiarse y los pocos que han conseguido un trabajo apenas ganan para poder vivir”, comenta Majd Jallhoum, hermana de Ili y secretaria del centro. “El otro gran proyecto es la atención sanitaria y pago de medicamentos. No hay hospitales públicos en todo el Valle de los Cristianos, los tratamientos son muy caros así como los medicamentos”.

Cada seis meses, ACN provee de 280.000 € para estos dos proyectos. “Para los alquileres sostenemos a 340 familias que reciben mensualmente unas 25.000 libras sirias (50 euros) por unidad familiar. Hay que tener en cuenta que actualmente un salario medio en Siria es apenas 60 euros.” En la zona del Valle de los Cristianos el alquiler medio es de 150 euros al mes y los meses de verano el precio aumenta porque esta es una zona de ‘turismo’ debido a su clima más fresco.

Ninguno de los jóvenes voluntarios recibe dinero a cambio de su trabajo. Sin embargo alguno de ellos son desplazados y reciben apoyo, eso sí, en su necesidad: “Yo, por ejemplo, recibo ayuda para poder ir y venir a la universidad. Está en Homs, a una hora en coche. Nunca he dejado los estudios pese a la guerra, gracias al apoyo de ACN”, afirma Issam Ahwesh, que tiene 22 años y estudia Ingeniería Informática. Este año se gradúa: “Mi madre estaría muy contenta de verme ayudando aquí y de que finalmente podré graduarme. Falleció unos años antes de la guerra”.

Un equipo ecuménico

Los 11 jóvenes del centro de Marmarita son de distintos ritos e iglesias. “Algunos somos greco-católicos, otros sirio-católicos y otros son ortodoxos. No hacemos distinciones, todos ayudamos en lo que podemos y estamos al servicio del padre Walid”. Walid Iskandafy es un sacerdote greco-católico actualmente párroco de la Iglesia de San Pedro.

Los chicos del grupo quedan después de sus jornadas de trabajo para jugar juntos al fútbol. Raja Mallouhi, que estudia Economía en Homs, dice que antes jugaba en un equipo federado de su ciudad: “Mi equipo favorito aquí es Al-Karama, era el mejor equipo de fútbol del país antes de la guerra. Fuera de Siria, soy fan del Atlético del Madrid”.

Se ríen cuando el padre Iskandafy dice que los once son como el equipo del Real Madrid: “Ellos son los jugadores y yo soy el entrenador, Zinedine Zidane”. Forman un grupo muy unido. El sacerdote reconoce que siempre que hay una nueva solicitud de ayuda o algún problema con alguna de las familias, exponen todo en común y tratan de resolverlo juntos.

Inspirados por el Papa

Lama Jomia acaba de graduarse en turismo y se ocupa de las visitas a las familias desplazadas: “El Papa Francisco dijo hace unos años a los jóvenes que no tuviéramos miedo de ir contracorriente y ser fieles a Jesús. A nosotros esas palabras nos animan a continuar con nuestro trabajo, cuando en nuestro país solo hay guerra y odio”.

La fe para ellos es el principal motivo de permanecer en Marmarita y ayudar a los que más lo necesitan. Otra joven del grupo, Rafic Assi, concluye: “A los jóvenes de Europa y de todo el mundo les diría que lo más importante no son las cosas materiales, que aprovechen bien su vida y den gracias de vivir en un lugar con paz. Nosotros no pensábamos que íbamos a estar viviendo así, pero no perdemos la esperanza”.